Eran aproximadamente las 10 de la mañana cuando veníamos de Santiago una clienta y yo, ella manejando. Habíamos decidido dormir en la Ciudad Corazón al terminar la capacitación del día anterior a fin de no tomar carretera en horas de la noche. Todo estaba despejado y tranquilo, veníamos a una velocidad aceptable y con ningún carro alrededor. De repente una patana se nos acerca por detrás, de manera temeraria, tocando bocina agresivamente. El comportamiento del chofer era difícil de entender ya que podía perfectamente continuar en su carril; sin otra alternativa nos vimos obligadas a salir de la carretera, prácticamente empujadas por la patana. Pasado el susto decidimos alcanzar al agresor a fin de al menos obtener su número de placa o algo que pudiera ayudarnos a denunciarlo.

Con una mezcla de desconcierto, valentía y un fuerte “¿Valdrá la pena?” que ambas pensábamos pero no decíamos en voz alta, logramos quedar justo al lado, tomarle fotos y filmar un video. No olvidaré los ojos del chofer, eran extraños, se veía enojado… no, enojado no, enajenado más bien.

Inicié entonces una serie de llamadas, primero a la policía, luego a un General amigo hasta que por fin llamé a la institución correcta, a la RNTT. Sin dar mi nombre ni explicar mi relación con el Capítulo BASC en República Dominicana, expliqué lo que nos acababa de suceder y les facilité el número del Rótulo del camión. Ya en la Capital les envié las fotos y el video que habíamos logrado captar. Esta información fue enviada un viernes a las 11:05 de la mañana y ya a las 3pm estábamos recibiendo la respuesta de lo investigado:
Dicho camión pertenecía a un sindicato de camioneros, quienes colaboraron estrechamente en la investigación sobre el caso, facilitando así, tanto el nombre del conductor del camión como el nombre y contacto del dueño del mismo, lo que permitió ver que este chofer estaba en estado suspendido desde el mes de marzo del 2011, precisamente por consumo de estupefacientes. Profundizando en la investigación sobre el chofer, se logró identificar que el sindicato al que pertenece no le había autorizado la renovación de afiliación de la RNTT – (privilegio para tener acceso a los puertos, zonas francas y navieras del país).

Fueron alertados todos los relacionados al caso a fin de evitar que esta persona pudiera estar de nuevo manejando en las carreteras de nuestro país.
Suerte que decidimos pensar que sí valía la pena el riesgo de identificarlo y denunciarlo y suerte que decidimos confiar en la RNTT; estas instituciones logran su trabajo todavía de mejor manera si cuentan con una ciudadanía que haga de su parte.
¿Les dije al principio que mi clienta era quien manejaba cierto? También tuvimos suerte en eso… no creo que yo al volante hubiéramos sido capaces de alcanzar a nuestro agresor…

Patricia Muñoz
patriciamunoz@pequio.com
Auditora Internacional BASC